Opinión

COLUMNA ÍNFULAS “El Mundial de los desaparecidos…”

Por: Luz Elena Hernández Niño.

Comunicadora y Abogada | Fundadora de Altiplano al Día | Autora de Ínfulas, Columna de análisis político y jurídico.

El “otro Mundial” de este 11 de junio fue poderoso, pero “incómodo”, Miles de voces irrumpieron en el escaparate internacional más importante del país para recordar una realidad que ningún espectáculo deportivo puede ocultar…México sigue buscando a más de 133 mil personas desaparecidas.

Sin embargo, México no solo gano el partido inaugural contra Sudáfrica con dos goles a cero, también fue capaz de “ganar” repudio e indignación por atacar uno de los colectivos más sensibles del país.

Los colectivos de búsqueda, integrados por madres, padres, hermanas e hijos que durante años han recorrido cerros, brechas y fosas con recursos propios, hoy son objeto de sospecha. Desde la conferencia presidencial, la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, anunció investigaciones para determinar quién financió el traslado de las madres buscadoras a la Ciudad de México durante la inauguración del Mundial, como si fuera la primera vez que este colectivo “se las gasta solo”, ¿Qué curioso no?, que la movilización sea, “la prioridad” de un gobierno que nació del “acarreo” y pervive de lo mismo.

Durante años nadie pareció preguntarse quién desapareció a sus hijos, nadie mostró el mismo interés por investigar a las redes criminales, a los funcionarios omisos o a las instituciones incapaces de responder. Pero ahora existe línea y lupa oficial sobre quienes exigen respuestas, no para ayudarles a encontrar a sus desaparecidos, sino para averiguar cómo llegaron a protestar…Dueles México.

El gobierno guardó silencio cuando la diputada local y madre buscadora Margarita López encaró a la fiscal general, Ernestina Godoy, durante las mesas de diálogo en Zacatecas para denunciar irregularidades en la impartición de justicia y la liberación de presuntos responsables de desapariciones. Ahí no hubo anuncios de investigaciones exhaustivas ni conferencias de prensa prometiendo llegar al fondo.

Las madres buscadoras llevan años encontrando puertas cerradas, protocolos fallidos y burocracias indiferentes. Son las mismas instituciones que mantienen más de 72 mil cuerpos sin identificar y más de 133 mil personas desaparecidas. No es casualidad que organismos internacionales y especialistas lo califiquen como “una crisis humanitaria”.

Mientras escribo esto y Usted amablemente lee estas líneas, las madres buscadoras siguen caminando y buscando a sus desaparecidos, para ellas no hay mundial, no hay apoyo, ni justicia, pero sí sospecha.

Con una pala en la mano y una esperanza que desafía toda lógica, recorren terrenos donde el Estado llegó tarde o simplemente nunca llegó. Además de cargar con la ausencia, deben soportar la revictimización permanente, son juzgadas por funcionarios, cuestionadas por peritos y condenadas en redes sociales por quienes, desde la comodidad de una pantalla, se atreven a sentenciar con indolencia que, “si hubieran educado bien a sus hijos, no estarían desaparecidos”.

Es fácil opinar cuando la familia está completa alrededor de la mesa, es sencillo repartir culpas cuando nunca se ha vivido el terror de una llamada que no llega, de una hija que no vuelve a casa o de un hijo que desaparece sin dejar rastro. Las desapariciones no distinguen clases sociales, ideologías ni regiones, detrás de cada expediente existe una familia rota y, con frecuencia, una madre convertida en investigadora, perito y rescatista por obligación.

Luego entonces, las movilizaciones no surgieron para “boicotear” el Mundial, llevan años recorriendo las calles de México, la diferencia es que esta vez el mundo las vio.

Esta vez, la presidenta logró evitar “el abucheo”. En la inauguración del Mundial cedió su lugar a Yolett Cervantes Cuaquehua, joven futbolista veracruzana que representó a México en el acto protocolario. Como en la conferencia mañanera, Claudia Sheinbaum optó por esconderse y esquivar una rechifla que evocaba los fantasmas del México de 1986.

Pero…cuando se apaguen las luces del Mundial, cuando los estadios vuelvan a quedar vacíos y las cámaras internacionales se marchen, los colectivos seguirán aquí, las madres buscadoras continuarán escarbando la tierra con sus propias manos, los desaparecidos seguirán acumulándose en las estadísticas, y la justicia, como tantas veces en este país, seguirá siendo una deuda pendiente, y de esta realidad Sheinbaum no puede “ceder su lugar” ni esconderse.

Por hoy es todo. Gracias y hasta pronto.

 

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