Sociedad

Deja de entrenar para verte bien: entrena para cuidar tu mente

Durante décadas, el ejercicio físico fue reducido a una fórmula simplista: moverse para quemar calorías, bajar de peso o mejorar la apariencia. Bajo esa lógica, el músculo era visto únicamente como una pieza mecánica, una herramienta para desplazarnos o moldear el cuerpo. Hoy, esa visión ya no solo es obsoleta, sino insuficiente para entender lo que realmente está en juego.

La ciencia ha dado un giro contundente. Investigaciones recientes confirman que el músculo esquelético funciona como el órgano endocrino más grande del cuerpo humano, capaz de comunicarse con otros sistemas vitales, incluido el cerebro. No se trata solo de fuerza física: se trata de salud mental.

Cuando una persona realiza ejercicios de fuerza —aquellos que implican resistencia e intensidad— el músculo libera sustancias llamadas mioquinas, mensajeros químicos que viajan por el torrente sanguíneo. Algunas de ellas, como la irisina y la catepsina B, tienen la capacidad de cruzar la barrera hematoencefálica y actuar directamente en el cerebro.

Ahí ocurre algo clave: estas mioquinas estimulan la producción del BDNF (Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro), una proteína esencial para la creación de nuevas neuronas y el fortalecimiento de las conexiones cerebrales, especialmente en el hipocampo, región ligada a la memoria y al control emocional.

Las implicaciones sociales son profundas. La pérdida de masa muscular asociada al sedentarismo y al envejecimiento —conocida como sarcopenia— no solo debilita el cuerpo. Diversos estudios han encontrado una relación directa entre la disminución muscular y el aumento de trastornos como la depresión y la ansiedad, incluso en casos resistentes a tratamiento.

En otras palabras, el sedentarismo no solo afecta al corazón o a los pulmones: apaga una farmacia interna diseñada para proteger la mente. Ningún fármaco puede replicar por completo la cascada hormonal que se activa cuando el cuerpo se somete a un esfuerzo físico intenso y controlado.

Caminar es saludable, sí, pero no siempre suficiente. La evidencia apunta a que el cerebro necesita estímulos mecánicos más demandantes para activar esta respuesta biológica. Ejercicios como sentadillas, peso muerto o flexiones, realizados con regularidad y bajo supervisión adecuada, pueden marcar una diferencia real.

El mensaje es claro: ir al gimnasio no es un acto de vanidad, es un acto de autocuidado integral. No se trata de músculos grandes, sino de una mente más fuerte y resiliente. Entrenar es, hoy más que nunca, una prescripción preventiva que cada persona puede administrarse.

Fuente: Endocrine Reviews (2025). “Skeletal Muscle as an Endocrine Organ: The Role of Myokines in Brain Health”.

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