COLUMNA ÍNFULAS: “El 8 de marzo…fuera de la foto oficial…”

Por: Luz Elena Hernández.
Comunicadora y Abogada | Fundadora de Altiplano al Día | Autora de Ínfulas, Columna de análisis político y jurídico.
En Tamaulipas, este 8 de marzo vuelve a dejarnos el mismo sabor amargo de siempre…el de la simulación. Un montaje político que, por momentos, pareció un episodio improvisado de Law & Order; en menos de 24 horas ocurrió lo que no pudo resolverse en 62 días.
Tuvo que hacerse viral, y convertirse en noticia nacional, el video en el que la médica víctima de abuso sexual pidió justicia y advirtió a los nuevos médicos sobre la situación que se vive en el Hospital Infantil de Victoria, para que la presidenta Claudia Sheinbaum lo mencionara en la mañanera. Solo entonces, como si de pronto “despertara”, la justicia en Tamaulipas decidió “agilizarse”.
Primero, renunció el director del Hospital, Vicente Plascencia, aunque aseguró irse con la frente en alto, la realidad es que salió por la puerta de atrás. Queda el consuelo de que quien se asumía como “abogado del diablo” ya no estará ahí para revictimizar a las afectadas.
Lo verdaderamente preocupante, y profundamente indignante, es que, una vez más, todo indica que la Fiscalía Especializada en la Atención de Niñas, Niños, Adolescentes y Mujeres pudo haber fabricado un culpable para calmar la presión social. Un joven que “encaja” por tener antecedentes penales, pero no necesariamente por su apariencia. Juzgue usted.
Más allá del circo montado este viernes, la renuncia del director y, casi de inmediato, el anuncio de la detención de un presunto responsable, queda una sensación inquietante, en Tamaulipas da miedo ser mujer… y también ser hombre.
Mujer, porque seguimos siendo blanco cotidiano de la violencia, y hombre porque en medio de la presión mediática cualquiera puede terminar convertido en “culpable” por el simple hecho de ser…hombre, enviando el mensaje de que siempre son el enemigo y no el aliado.
Hoy temo por mis amigas y mis amigos, por mis hermanos y hermanas, por nuestros padres y madres…hijas, hijos y sobrinos. En este sistema cualquiera puede ser víctima… o victimario, real o fabricado, según la urgencia política del momento…y eso también es violencia.
Por lo pronto, los edificios públicos y los monumentos emblemáticos ya están blindados con vallas metálicas y operativos de seguridad. No vaya a ser que “les pase algo”… mañana, 8 de marzo, es ese día del año en que las paredes corren peligro… y claro, hay que protegerlas.
A las mujeres, niñas y adolescentes, ¡No!, nosotras seguimos desapareciendo, seguimos siendo abusadas, golpeadas, asesinadas, seguimos dejando detrás familias rotas, madres que buscan, hijos que esperan, hogares que jamás vuelven a ser los mismos.
Para nosotras no hay vallas metálicas que “nos protejan”, para nosotras, el “protocolo” es otro; preparar un kit forense, sí, así de crudo…guardar en una bolsita cabello, uñas, un cotonete con ADN, una prenda usada, es decir, pruebas de alto impacto, evidencias que podrían servir si algún día desaparecemos… o si aparecemos sin vida, ¿Le indigna?, debería, porque no es una exageración, en Oaxaca una alcaldía convoca a elaborar estos kits como forma de prevención ante la violencia. El objetivo no es asumir la “desaparición como destino”, sin embargo, en un contexto donde la ausencia se volvió una posibilidad cotidiana, este Kit, puede ser una herramienta de prevención…aunque suene a resignación.
Luego entonces, el 8 de marzo no es solo tomarse la foto con pañuelos morados, o verdes, ni asistir a conferencias de “empoderamiento”, ni posar junto a funcionarias, diputadas o figuras influyentes “del momento”, para la publicación oficial.
El verdadero rostro del feminismo no aparece en esas fotos, está fuera del encuadre, está en las mujeres que cada día salen a trabajar para sostener a sus familias, en las que cargan con la llamada “doble jornada”: empleo y hogar, en las mujeres que lograron conquistar el derecho a trabajar, pero muchas veces también heredaron toda la responsabilidad…
El 8 de marzo no debería limitarse a gritar “mi cuerpo, mi decisión” o exigir el aborto legal, también debería ser el día para exigir acceso real a la salud, para denunciar que todavía hay mujeres que mueren por falta de insumos básicos en hospitales, porque el sistema simplemente no alcanza…
El 8 de marzo (y el resto del año), debe servir para hablar de la brecha salarial, de la falta de oportunidades y de lo poco que significa el famoso “50-50” en la política cuando en la vida cotidiana de las mujeres de a pie esa paridad no cambia absolutamente nada.
Porque de poco sirven los discursos si siguen matándonos, violándonos o silenciándonos con el miedo. Esas mujeres tampoco aparecen en la foto oficial del Día de la Mujer…el encuadre deja fuera a las madres buscadoras, a las migrantes, a las mujeres privadas de la libertad, a todas ellas todavía se les debe justicia.
Por eso molestan tanto las frases grandilocuentes…decir que, con la Presidenta con “A”, “llegamos todas” puede sonar poderoso en lo político, pero frente a la realidad del país termina pareciendo una burla. Que la mandataria federal sea mujer y diga que, “las mujeres ya no lloran”, aunque sea al calor de un concierto musical, duele…
Porque las mujeres mexicanas sí lloramos, lloramos a nuestros muertos, lloramos a nuestros desaparecidos, lloramos de rabia y de impotencia cuando vemos a nuestros hijos crecer en un país que no siempre logra protegerlos…lloramos cuando no “nos alcanza” para la justicia, cuando la violencia nos acorrala, cuando pedir pensión alimenticia, denunciar o simplemente exigir protección se convierte en una carrera de obstáculos.
Entonces, no, en México las mujeres no hemos dejado de llorar, lloramos porque seguimos viviendo una realidad que no cabe en los slogans de sororidad, y mientras esa realidad no cambie, repetir que “ya no lloramos” no es empoderamiento, es negarnos el derecho a decir la verdad.
Por hoy es todo. Gracias y hasta pronto.


